martes, 14 de mayo de 2013

El fracaso del proyecto 1x1, no es oro todo lo que reluce

Iván García Doblas

La implementación de la tecnología en el sistema educativo ya es un hecho, las pizarras digitales pueblan cada vez más clases y los ordenadores ya han llegado prácticamente a la totalidad de ellas, pero ¿deben llegar también a todos los alumnos? Eso es lo que ha puesto en marcha el proyecto 1x1 en Cataluña y, lejos de abrir nuevos horizontes en el ensañamiento, estos se están viendo sesgados.

David Rabada es profesor de ciencias desde 1992 y doctorado en Geografía desde 1995, pero más allá de sus titulaciones, es la persona que mejor sabe relatar la decadencia estudiantil que promulga el proyecto 1x1 puesto en marcha por la Generalitat de Cataluña, en el que, a resumidas cuentas, se entrega un ordenador a cada alumno en el que se encuentra todo lo necesario para desempeñar el curso con "éxito".

Rabada estuvo hablando sobre el proyecto con Ernest Maragall, por aquel entonces consejero de educación de la Generalitat de Cataluña. Maragall defendió a ultranza el proyecto, aludía a que los tiempos y la sociedad cambia y que la escuela debe adaptarse a ella, pero también enfocó su discurso desde un tema algo ventajista: "la desigualdad social". Defendió que muchos alumnos no tienen acceso a la información (aludiendo a la gran masa inmigrante de Cataluña) y que el proyecto les daba la oportunidad de poder llevarse "el mundo" a su casa.


Rabada rebatió cada uno de los puntos del discurso empuñado por Maragall. En primer lugar, tal y como dice el profesor, hay que señalar que la mayoría de alumnos sí tienen acceso a internet, a un móvil con internet o a locutorios, y que no existe la necesidad de subvencionar y obligar a pagar (porque no nos olvidemos que se tienen que pagar) los ordenadores del proyecto 1x1. En cuanto al tema de la desigualdad social, Rabada contestó al consejero que si querían la igualdad entre todos los alumnos, lo que se debía hacer es impartir conocimientos contrastados, como los que recibieron ellos en la universidad, y no dejar a los alumnos a sus anchas entre la ingente cantidad de información sin criterio que se encuentra en la red.

Otro de los temas que señalaba Rabada es la libertad que ahora tienen los alumnos, cada uno con su propia pantalla, muchas de ellas abiertas en la página de alguna red social en lugar de atender al temario indicado y lo que es peor, humanamente imposible de controlar por un solo docente. Siempre ha sido mejor la utilización de una única pizarra, aunque esta sea digital, para 30 alumnos, que 30 con sus propias "pizarras".


El último de los puntos a los que alude Rabada para dejar ver lo descabellado del 1x1 es una cuestión puramente económica. El proyecto supuso para las arcas de la Generalitat un sangría económica importante, paradójicamente compartida con la gran deuda que sufre la comunidad. "Mientras se recortaba en docentes y horas lectivas, se pagaba a golpe de talonario la instalación de cables, antenas y más ordenadores", afirmaba Rabada.

Sin duda, una clara muestra de que la tecnología no siempre da resultados positivos y que se ha detener un poco de criterio al embarcarse en proyecto de tal envergadura, cuando lo que está en juego es la educación de toda una generación de alumnos.

FUENTES:

Rabada, David (2013) "Aula digital fiasco estatal" en E-NOTÍCIES | BLOGS.
Consultado el 14/05/2013

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